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jueves, 23 de julio de 2015

I Will Do My Best, I Promiss

OK, tal vez exageré un poco con la última entrada, solo tal vez.

Y tal vez soy demasiado orgullosa como para admitir que en verdad todos los problemas no importan. Y a que gracias a.....A alguien no estoy muriendo, no soy paralítica, y tengo mis cinco sentidos en forma. Aunque a veces creo que esto del olfato no lo tengo muy desarrollado, y en la vista me debe fallar algo.

Pero bueno, ya no divago más, que hoy vine a quejarme de que no me aguanto ni yo y no a contarles mis divagaciones, que así empecé este blog.

Está en nuestra naturaleza ser soñadores, tener altas expectativas y decepcionarnos cuando la vida no resulta ser cómo en tu serie favorita. Somos ingenuos y por más realistas y pesimistas que podamos llegar a ser, vivimos de la esperanza y la fantasía. Todos nos hemos imaginado nuestra perfecta utopía personal. La imaginación es eso, un lugar dónde somos amos y señores del destino. Dónde tenemos la valentía suficiente para rescatar a nuestros amigos de un dragón de fuego, o de resistir una vida en las sombras, esperando y calculando para dar el golpe en el momento justo. Cuando imaginamos, no pensamos en la vida como la vivimos día a día, torcemos las voluntades, retocamos un poco el paisaje y nos disfrazamos de desconocidos.

Muy a menudo el ser humano tiende a refugiarse en su mente, a protegerse de la realidad simple, tapándose con un manto de lamentos, revistiéndose de soledad y llenándose de incomprensión. Muy a menudo esto se hace por tanto tiempo que nos cegamos de toda respuesta, no vemos más allá de nuestras narices y ni siquiera apreciamos la luz que nos rodea.

Es que es tan difícil dejar a un lado la pared que tanto nos costó construir, echar a patadas al inmenso monstruo de comodidad que por años hemos alimentado hasta volverlo nuestro único pensamiento. Es que es tan fácil creer que estamos solos y justificar nuestros caprichos  con tristeza. Es tan apetecible quedarse en la cama todo el día, vestirse del negro de nuestro corazón y dejarse el pelo largo para tapar esos desesperanzados ojos y un rostro sin vida. Es una culpa tan placentera la que nos produce ignorar y lastimar a aquellos quiénes apreciamos u odiamos.


Pero en el fondo sabemos, y siempre hemos sabido que no somos nosotros mismos. Que nunca hemos considerado toda la verdad. Que somos los únicos responsables de nuestro rescate. Y que necesitamos cambiar.

Y escribo esto jurando cambiar todo lo que me aleja de lo que me hace feliz. De lo que me llena de vida.

Si Bob Dylan ya decía que "Quien no se ocupa de nacer, se ocupa de morir", yo quiero nacer. Y daré mi mejor esfuerzo para no rendirme. 

No quería hacer el ridículo pero ya que al parecer no puedo escribir una entrada sin ponerme sentimentalona hoy también les dejo una cursilería de imagen.

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